Cerrar el día es cruzar lo que se atendió con lo que se cobró y con lo que salió de farmacia. Si cada cosa está en un cuaderno distinto, el cierre se alarga y las diferencias aparecen cuando ya no está quien atendió.
Empieza por las atenciones. Revisa que no quede una consulta abierta sin motivo, sin indicación o sin el producto que se usó. Una ficha a medias explica casi siempre un cobro que no cierra o un stock que no cuadra.
Después, la caja: lo cobrado en el día, lo que quedó por cobrar y lo que se anuló. Cada movimiento debería poder volver a una atención o a un concepto claro, como un anticipo de un procedimiento. No mezcles el dinero del día con ajustes de otra fecha.
Al final, el inventario. Las salidas registradas en las fichas tienen que explicar el movimiento del estante. Si falta una unidad, búscalo en una atención sin producto o en un uso anotado fuera del sistema. Cuando esas tres listas coinciden, el día está cerrado.